MIS TRES VIDAS

Yo he vivido tres vidas, sí así es, no exagero. Mi primera vida la viví hace ya muchos años, poblada de fantasía, misterio y aventura; la etapa de mi niñez, la primera vida que define el tipo de personas que seremos en un futuro y que en estos tiempos tengo más presente que nunca, se me aparece constantemente, recuerdo cosas que durante mucho tiempo creí olvidadas para siempre. Luego llegó mi segunda vida, la de adulto, donde desarrollé mi trabajo y fundé una familia con la que viví feliz, creo, durante muchos años, pero la verdad es que no me acuerdo. Y ahora estoy en mi tercera vida, en la que realmente no sé quien soy ni lo que hacía. Vivo en una casa acogedora y bonita que reconozco como mía, vivo con una mujer atenta y cariñosa que me cuida con delicadeza, aunque no sé quien es, supongo que debe ser mi mujer. También nos visitan unas personas que deben ser mis hijos porque me llaman papá, aunque yo no los conozco.  

En esta casa hay muchas fotos donde estoy con estas personas en diferentes etapas, yo me reconozco en las fotos pero no en la actualidad. Me acuerdo mucho de mi primera vida, la de niño, pero no de la de adulto, no se quién fui ni en qué trabajé, no se lo qué hice ni dónde viajé ni qué amigos tuve, pero sí me acuerdo de cuando iba al colegio y jugaba con mis compañeros.

En estos días convivo mucho con una persona a la que tampoco conozco, y que no debe ser familia porque ni me llama papá ni aparece en ninguna foto por la casa, además de que parece muy joven. Él me viene a buscar por la mañana y me lleva a pasear, andando lentamente con mi bastón buscamos un banco cómodo en un parque y allí me cuenta cosas. Yo apenas hablo, porque no tengo nada que decir y porque apenas recuerdo palabras para expresarme bien, lo dejo hablar a él, me dice que ha vivido en otros países y que ha visto muchas cosas, yo creo que también las he visto aunque no me acuerdo. Yo no sé si esto es algo pasajero porque la verdad es que nadie me da muchas explicaciones, pero me gustaría saber lo que he hecho, lo que he vivido y más me gustaría todavía poder vivir uno de los días de mi pasado para poder saber quien era y lo que hacía, pero bueno me tiene que dar igual porque también lo olvidaría.

Me dicen que tengo una enfermedad que me provoca esta situación, pero tiene un nombre muy complicado y lo he olvidado.

Yo por mi parte estoy bien, vivo tranquilo y siento que la gente que tengo a mi alrededor me quiere y se preocupa por mí. Me gusta vivir en mi casa y me gusta salir a pasear, me gusta que me hablen y me cuenten cosas y me gusta sentirme querido y protegido.

De todo lo demás, la verdad es que ya no me acuerdo…

LA RECOMPENSA DEL SACRIFICIO

Nunca está todo tan oscuro como justo antes de amanecer. No hay una frase que recoja de forma igual la recompensa del sacrificio. Porque es así, siempre, siempre se materializa el trabajo realizado. Muchas veces podemos pensar que no. Que no hemos conseguido nada, ni lo vamos a conseguir.

Esto no es así, la recompensa siempre llega, más pronto o más tarde, pero llega. Lo que ocurre muchas veces es que esperamos recoger estos premios a la primera, y esto no siempre ocurre de esta manera. En muchas ocasiones la vida se propone enseñarte a base de golpes, desengaños y sufrimiento. Pero todas estas situaciones, que forman parte de la vida diaria, son las que aportan una mayor enseñanza a las personas y configuran su carácter y su capacidad de sobreponerse a la adversidad.

En esta época que vivimos, parece que todo tiene que ser gratis, que todo lo merecemos por el simple hecho de haber nacido. Cuando las cosas no son así se protesta y se piden explicaciones. Pero la vida no transcurre de esta forma, las situaciones que vas viviendo son las que dan profundidad a tu yo, y cuanto más difíciles, complicadas y dolorosas, más se aprende de ellas y se consigue un mayor conocimiento personal.

Esto se puede aplicar a todos los ámbitos y etapas de la vida. El haber cultivado un carácter luchador, inconformista, voluntarioso, decidido y optimista, es de las cosas más importantes que uno debe tratar de conseguir en su vida. Porque es esto lo que le permitirá enfrentarse con posibilidades de éxito a los momentos complicados que aparecen siempre en la vida.

Sin duda que una de las situaciones más difíciles que uno debe encajar es la aparición de una discapacidad, que nos obligue a una dura tarea de rehabilitación e incluso a precisar la ayuda de un cuidador.

Desde luego que las cosas hay que encajarlas como vienen, es fundamental no compadecerse de uno mismo y saber que la única forma de mejorar en esta situación es mirar a la desgracia directamente a los ojos, ser consciente que estos momentos forman parte de la vida y a partir de ahí apoyarnos en la fuerza de voluntad, entereza para aceptar la situación y optimismo en la búsqueda de la mejoría. Esta actitud será el mejor antídoto ante la desesperanza, la tristeza y el abatimiento que una coyuntura de este tipo puede generar.

La dedicación, el sacrificio y la voluntad por mejorar, irán consiguiendo que tanto a nivel físico como mental se vaya asumiendo esta nueva situación y se sea capaz de obtener progresos en el tratamiento.

En esos momentos de pesimismo, tristeza y derrota, pensémoslo; nunca se ve todo tan oscuro como justo antes de amanecer.

VERANEO Y DISCAPACIDAD

Llega el momento de las vacaciones, todos estamos pensando en olvidar momentáneamente las obligaciones y descansar y disfrutar del verano. Es en estas fechas cuando no debemos olvidar a un gran número de personas que no  pueden disfrutarlo de la misma manera ya que no se pueden desplazar de sus domicilios debido a problemas de enfermedad, dependencia o discapacidad.

Se transforman en unas fechas complicadas para los que padecen enfermedades de tipo cognitivo o físico que hacen imposible el que se puedan trasladar a cualquier destino vacacional aunque sólo sean unos pocos días.

La familia debe pensar que el verano, en el que siempre hay mayor disponibilidad de tiempo libre, es una época inmejorable para poderle dedicar más tiempo al enfermo y recuperar parte del tiempo perdido en esta relación durante el resto del año.

Hay muchas actividades que se pueden realizar, desde pequeños paseos diarios, siempre evitando las horas de mayor calor y supervisando que tanto la indumentaria como el calzado sean los adecuados para el calor y demás componentes ambientales de estas fechas. También se puede intentar recuperar actividades que le gustaran al enfermo antes de encontrarse en su situación actual y que durante un rato le hagan abstraerse de sus dificultades

La familia no debe olvidar que las personas mayores o enfermas que no están en pleno uso de sus facultades cognitivas deben mantener una rutina diaria estructurada y conocida, en un ambiente tranquilo y un entorno familiar reconocible y adecuado, intentando en todo momento mantener una estimulación tanto física como mental; por lo que plantearse el desplazarse a otra residencia puede no ser una buena idea, por la desorientación que puede acarrear.

Y por supuesto, hay que estar atentos a posibles golpes de calor o a otras patologías que puedan surgir por la exposición al sol y al calor, ya que con los años se va perdiendo la capacidad de regular térmicamente el organismo e incluso se puede llegar a perder la sensación de tener sed, por ello es muy importante mantenerlos bien hidratados dándoles a beber líquido frecuentemente, aunque no lo pidan, junto con una dieta fresca y equilibrada, así como ropa ligera acorde con las características ambientales veraniegas.

Pero, sobre todo, como siempre, lo más importante es tratarles siempre con cariño y respeto, que se sientan parte de la familia y que noten que se tienen en cuenta sus opiniones. No hay que olvidar, como he dicho antes, que se puede aprovechar el mayor tiempo libre del que se dispone en estas fechas para tener una mayor atención y dedicación hacia el enfermo.

LA ELECCIÓN DEL CUIDADOR

Puede ocurrir en la vida de cualquier persona que llegado un momento y por motivos de edad o enfermedad sea necesario una asistencia y control continuo.

En estas situaciones siempre es preferible que el paciente continúe viviendo en su entorno habitual, con sus recuerdos y sus objetos y rodeado por su círculo familiar.

Normalmente ante una realidad de este tipo es la familia, en un primer momento, la que asume la carga de trabajo de cuidar y atender al enfermo. Pero actualmente y debido a las obligaciones laborales y personales se plantea en ocasiones la incorporación de un cuidador profesional.

La tarea de cuidar no es una tarea fácil, requiere dedicación, sacrificio y un esfuerzo tanto físico como emocional que influye directamente en la vida del cuidador.

A la hora de seleccionar un cuidador profesional para que desempeñe estas labores, es importante tanto la formación para el trabajo como la experiencia en el desempeño del mismo. Para que la ayuda que se precisa sea todo lo profesional posible y consiga, de esta forma, reducir la carga familiar y aliviar el estrés del cuidador familiar.

Lo primero que se debe tratar de valorar es la vocación del cuidador para el desarrollo de su trabajo, es importante que le guste trabajar con personas mayores o enfermas.

La profesionalidad siempre viene definida en primer lugar por la formación que se haya adquirido para el desempeño de los trabajos propios de esta profesión.

Se debe estar atento a la capacidad del cuidador para ser capaz de anticiparse a los problemas o a las urgencias y poder alertar a la familia o a quien sea necesario en una situación inesperada o de peligro.

Una característica muy importante en una persona que se va a ocupar del cuidado diario de un anciano, un discapacitado o un enfermo es su empatía, su disposición para ponerse en el lugar de la otra persona y ser capaz de intuir sus sentimientos y ser partícipe de ellos.

Tan importante como todas las características anteriores es el respeto, respeto por la persona a la que se cuida, respeto por sus creencias y costumbres.

Una virtud fundamental para un cuidador es su capacidad motivadora y estimulante, que sea capaz de animar a su paciente para conseguir objetivos. Estas pequeñas cosas son las que evitan un poco la rutina diaria de repeticiones constantes. No hay que olvidar que la función principal del cuidador debe ser que el enfermo mantenga su autonomía personal y con ello su calidad de vida.

Es sustancial que la selección de un cuidador sea lo más escrupulosa posible, para evitar situaciones no deseadas. Es a este cuidador al que se la va a otorgar la responsabilidad y la gran confianza de cuidar de nuestros familiares.

PRECAUCIONES CON LOS MAYORES EN LA DESESCALADA

Después del largo confinamiento por fin ha llegado el momento de poder salir de casa y de reencontrarnos con nuestros mayores. Pero el peligro no ha pasado, sobre todo para ellos que son las personas más vulnerables ante esta pandemia.

Por tanto, debemos mantener una serie de medidas de seguridad para intentar prevenir cualquier posibilidad de contagio. Para ello lo que debemos hacer en el momento que se produzca el reencuentro es mantener siempre unas estrictas medidas de higiene en lo referente al lavado de manos e igualmente mantener siempre una distancia de seguridad suficiente, que impida el contagio directo por las microgotas que pueda haber en el ambiente en el caso de que algún miembro de la familia, aún sin saberlo, pueda ser vector de contagio, no olvidemos que muchas personas son asintomáticas. Además de esta distancia no se debe dejar de usar nunca la mascarilla en estas reuniones. Está claro que puede llegar a ser molesta e incómoda, pero lo más importante es no contagiarnos para no contagiar y mucho más cuando se trata de colectivos tan vulnerables. Esta mascarilla debe estar correctamente colocada tapando nariz y boca para que sea efectiva.

Lo ideal es evitar contactos directos, evitar las muestras efusivas incluso con los más pequeños, todo llegará pero todavía no es el momento.

Al llegar al domicilio se debe dejar el calzado en la entrada y lavarse inmediatamente las manos para que la casa sea un territorio seguro y libre de virus. Igualmente se debe dejar la mascarilla en un lugar fiable, retirado y ventilado.

Así mismo a la hora de llevar la compra a casa es necesario desinfectar cuidadosamente todos los paquetes, envoltorios o botellas que hayan podido ser manipulados por otras personas, con una disolución de agua con unas gotas de lejía o con un gel hidroalcohólico, para asegurarnos que están libre de virus.

Lo más importante de todo es el sentido común que es lo que debe primar siempre en todas nuestras actuaciones en estos momentos tan delicados.

Hay que tener muy presente que, aunque se puede empezar a salir el virus sigue ahí, es perfectamente posible contagiarse si no se mantienen medidas que lo impidan y esto en el caso de las personas mayores sigue siendo muy peligroso.

MASCARILLA OBLIGATORIA

Recuerda que desde hoy es obligatorio el uso de la #mascarilla y se extiende a toda la población a partir de 6 años de edad.
El Ministerio de Sanidad ha hecho obligatorio el uso de mascarillas en la vía pública a través de la Orden SND/422/2020, publicada en el Boletín Oficial del Estado (BOE), que entrará en vigor este jueves 21 de mayo y se mantendrá activa hasta el fin del estado de alarma.

LA ASISTENCIA QUE MERECEN NUESTROS FAMILIARES DEPENDIENTES

Entrevista realizada por Marta Sánchez, Digital Content Manager de Pronto Pro a Vicente Pastor, Director Ejecutivo de Kuidalia.

En este artículo se enuncian tanto el proceso de formación de esta empresa, desde la idea inicial hasta transformar esa idea en un elemento operativo que pueda ayudar a las familias en los momentos de dificultad que aparecen ante la necesidad de disponer de servicios personalizados de atención domiciliaria, como los distintos servicios de ayuda domiciliaria que Kuidalia puede proporcionar…

Pinche aquí para ver la entrevista.

 

SABER PEDIR AYUDA

Cuando en una familia se presenta la necesidad de tener que cuidar a uno de sus miembros que, por motivos de edad o de enfermedad, ya no puede valerse por sí mismo, aparece un problema importante que en muchas ocasiones no se resuelve como convendría.

Todos tenemos, además de obligaciones profesionales, una vida propia con todo lo que la compone, aspectos sociales y económicos, y al manifestarse una situación de este tipo la primera reacción es dejarlo todo para centrarnos en el cuidado del enfermo.

Esta actitud, ciertamente loable, puede acarrear consecuencias. El centrarse en el cuidado del dependiente, abandonando todo lo demás, puede generar una patología directamente relacionada con la exigencia que supone el cuidado de la persona enferma o dependiente. Esta enfermedad, tipificada como el Síndrome del Cuidador, es un trastorno que presenta una sintomatología múltiple que puede llevar a tener que dejar de ejercer la ayuda, puesto que puede acarrear problemas físicos, mentales, socioeconómicos y la pérdida de la capacidad para atender.

Esto es hasta cierto punto lógico, ya que se asume una gran carga de trabajo y una gran responsabilidad al contraer el compromiso con la vida del enfermo, se pierde la propia independencia y uno se olvida de sí mismo, de su propia vida, desatendiendo y olvidando las necesidades propias, lo que en conjunto y a la larga supone una tremenda carga física y psíquica.

Todo ello se define con una sola palabra, sobrecarga, que puede conllevar que aparezcan problemas físicos como cansancio, cefaleas y dolores articulares. Psíquicos como depresión, trastornos del sueño, ansiedad e irritabilidad. Sociales con la disminución o la pérdida del tiempo libre, la soledad y el aislamiento. Y laborales, con absentismo y desinteres en el trabajo.

El entorno del cuidador debe estar siempre atento a una serie de síntomas que se van manifestando en el momento en que el nivel de exigencia comienza a ser elevado y la carga muy pesada. Aparecen la agresividad, la tensión con los otros cuidadores porque no atienden bien al enfermo; uno de los indicios es la creencia de que nadie va a cuidar igual de bien al enfermo, la impaciencia con él, la negación del propio estado, el aislamiento, la depresión, el cansancio, la ansiedad y los sentimientos de culpa cuando se dedica tiempo a uno mismo.

Por tanto, una vez identificado el detonante, sobrecarga, también podemos definir la solución, repartir tareas. Todo esto nos tiene que llevar a una reflexión; también se tiene derecho a la propia vida y se debe dar el paso de comunicar nuestros sentimientos a los demás miembros de la familia, evitar sentirse culpable por dedicar tiempo a sí mismo y no descuidar algo tan importante como son las relaciones sociales.

Cuando llegue el momento pide ayuda. Tenlo siempre muy presente, cuidarse para cuidar.       

EL CUIDADO DEL CUIDADOR

Es un hecho comprobado entre el colectivo de cuidadores familiares no profesionales, que éstos tienen peor salud y son más susceptibles de sufrir diversas enfermedades, tanto físicas como psíquicas, que los familiares que no desempeñan esta labor.

Esto es, sin duda, en gran parte provocado por la exigencia, física y mental, que supone el ocuparse de un familiar en situación de dependencia.

Es por ello, que estas personas, deben procurar una mayor atención preventiva a su salud, para evitar contraer alguna enfermedad que les dificulte e incluso les imposibilite el seguir realizando sus funciones. De igual manera, cuando enferman, anteponen las necesidades de la persona cuidada a las suyas propias, no acudiendo al médico cuando sería necesario e incluso automedicándose para no descuidar sus obligaciones.

En la mayoría de las ocasiones, la generalidad de las personas, no escuchan  a su propio cuerpo cuando emite señales de alarma, lo que ocurre cuando algo no va bien y existen muchas posibilidades de que vaya a peor. La labor preventiva no es distinta de la que deberíamos seguir todas las personas; cuidar la alimentación y el descanso, evitar los tóxicos para el cuerpo, hacer deporte de forma regular y no descuidar las relaciones sociales; todas estas actitudes consiguen mantener la mente y el cuerpo sanos en situaciones de exigencia y estrés, favoreciendo la lucidez y la capacidad necesaria para que la persona no se vea arrastrada en una espiral de pesimismo y ansiedad.

Es importante no olvidar el tiempo que el cuidador familiar debe dedicar a sí mismo, a su propia vida, a sus amistades y sus aficiones. Esto, que a algunos cuidadores les puede parecer una actitud egoísta, no es solamente fundamental para ellos si no también para la persona dependiente, ya que la calidad de los cuidados recibidos será directamente proporcional a la salud física y metal del cuidador, así como a su estado de ánimo y su propia felicidad.

No hay nada peor para la vida de un cuidador familiar así como para su paciente que el quedarse atrapados en la rutina diaria, que poco a poco irá minando y desgastando el ánimo y la salud del cuidador y con ello la calidad de la atención de la persona cuidada. Todo esto, con el tiempo, generará que aparezcan el pesimismo y la ansiedad, que favorecerá de manera inequívoca la aparición de un cuadro de depresión, imposibilitando definitivamente a esta persona el seguir realizando sus labores de cuidador familiar.

Para evitar esta situación, cuídate, intenta mantener la alegría y la felicidad en tu vida y sobre todo sé capaz en un momento determinado de pedir ayuda, tanto al resto de la familia como a los amigos.

VIRTUDES DEL CUIDADOR

El ejercicio de cuidar exige, ante todo, el escrupuloso respeto de la autonomía del otro. Cuidar de alguien tiene como objetivo ayudarle a llegar donde quiere y puede llegar, potenciando su autonomía personal. Aún así el cuidador no es un sujeto pasivo, puede exponer su punto de vista pero nunca imponerlo.

No se puede cuidar de otro si no se sumerge uno en su circunstancia y comprende las claves de su situación y su contexto.

Cuidar significa tratar de responder a sus necesidades y también ayudarle a encontrar las herramientas para que sea capaz de responder a ellas por sí mismo.

Esta percepción de necesidades y de respuesta a estas necesidades varía entre un cuidador profesional y otro que no lo es, puesto que la capacitación técnica es fundamental para el desarrollo de esta labor.

Esta formación y competencia profesional del cuidador tiene que ver con tres aspectos del conocimiento que están estrechamente relacionados.

El conocimiento teórico, que permite acceder a un conocimiento sobre sí mismo y sobre los demás, así como sobre su profesión y como se relaciona ésta con la sociedad. La formación adquirida ayuda a desarrollar toda una serie de competencias en el acto de cuidar que serán fundamentales como bagaje durante el desarrollo profesional.

El conocimiento práctico, que incorpora las habilidades que uno tiene y pone en funcionamiento al desarrollar su trabajo y que suponen una mejora paulatina en el ejercicio laboral.

El conocimiento personal que se asocia con la dimensión afectiva, las actitudes, los valores, las emociones, las habilidades de relación y comunicación del cuidador, que definirán decisivamente el estilo de interacción con las personas dependientes que se encuentren bajo sus cuidados.

Si se olvida desarrollar alguna de las dimensiones profesionales relacionadas no se llegará a ser un buen cuidador. Todas son fundamentales.

Pero sin duda la más importante de todas es la dimensión vocacional del trabajo, siempre enfocado a la ayuda a los demás. Sin una motivación personal para el desarrollo de estas funciones, bajo mi punto de vista, es muy difícil por no decir imposible que se llegue a conseguir un desempeño laboral apropiado.

Pero un cultivo conveniente de este conjunto de habilidades es lo que proporcionará la excelencia en el desarrollo profesional de las funciones de cuidador.