Por nuestro trabajo somos testigos a diario de todas las dificultades que han de afrontar las familias a la hora de la incorporación de un cuidador profesional para la atención de algunos de sus miembros.

En un primer momento la reacción siempre es intentar asumir la carga de trabajo por parte de los familiares, pero esto choca frontalmente con las exigencias laborales y sociales que todos tenemos; por lo que terminan asumiéndolo los componentes que no tienen obligaciones diarias ineludibles. Lo que ocurre con el paso del tiempo es que lo que parecía fácilmente realizable termina siendo una pesada carga, en muchas ocasiones, sumamente exigente.

Entonces es cuando se plantea la incorporación de un cuidador profesional para ayudar y liberar a la familia del tremendo volumen de trabajo que supone la atención de un miembro enfermo o discapacitado. Pero ahora lo que ocurre es que la persona que recibe las atenciones no está dispuesta a soportar la presencia de un extraño que además le debe, por su propio beneficio, marcar la pauta en sus actividades para intentar que recupere o, si ello no es posible, mantenga sus habilidades.

Pero una vez consensuada y aceptada la incorporación de un cuidador profesional deben hacer frente al coste económico que ello supone, a la falta de ayudas en la mayoría de los casos, a la imposibilidad de cualquier tipo de desgravación fiscal que haga más llevadera o al menos amortigüe, aunque sea mínimamente, el impacto económico que supone por parte de una familia el mantenimiento de un empleado, con todos los costes que supone.

Todo esto además con las vicisitudes que se pueden presentar a la hora de seleccionar a la persona adecuada; no hay que olvidar que no todos los cuidadores son iguales, no todos tienen la misma formación y habilidades y no todos valen para todo. El cuidado personal domiciliario es algo más complejo de lo que la mayoría piensa. El éxito en la incorporación de un cuidador depende fundamentalmente de la selección de la persona idónea, el acierto en este primer paso puede marcar significativamente la pauta, no sólo en el acertado desarrollo del las labores diarias de cuidado sino, y esto es muy importante, en la fidelización del cuidador en su trabajo.

Es importante escuchar al enfermo o discapacitado y contar con su opinión, actuando por convencimiento más que por imposición, aunque sabemos que esto no siempre es posible y ser muy escrupulosos con la selección del profesional porque de ello dependerá el bienestar del familiar necesitado.

Siempre que se acercan las fechas veraniegas y con ellas el periodo vacacional de la mayoría de la población, pienso en cómo afecta esta circunstancia a las personas en situación de dependencia.

Cuando la mayoría de nosotros está pensando en cuál va a ser su destino vacacional y que actividades espera realizar durante su estancia, para la mayoría de las personas con una diversidad funcional se transforma en un problema y en una fuente de ansiedad. En primer lugar la familia se desplaza de su lugar de residencia, por lo que no podrá contar con ella de la misma manera que durante los meses laborables. Por otra parte los cuidadores profesionales también están pensando, lógicamente, en sus vacaciones y ello hace que en muchas ocasiones se deban sustituir por cuidadores suplentes.

Pero qué ocurre si la persona discapacitada se plantea la realización de un viaje o simplemente desplazarse fuera de su localidad para vivir unos días de asueto. Pues entonces la situación se complica, ya que es difícil que una persona con discapacidad se pueda desplazar en solitario por lo que habitualmente precisará de una persona que le acompañe para que pueda solventar las vicisitudes que siempre aparecen cuando se viaja.

No es solamente esto sino que la ausencia de una Accesibilidad Universal complica significativamente el desplazamiento, la movilidad y con ello entorpece la posibilidad de que el viajero discapacitado se pueda desplazar libremente y sin trabas al no disponer de una verdadera accesibilidad.

Si el destino del viaje es a algún país menos desarrollado la complicación aumenta de forma exponencial.

Todo ello obliga a la planificación adecuada y exhaustiva del viaje, intentando prevenir por anticipado cualquier dificultad que pudiera presentarse, así como también es aconsejable que el desplazamiento se realice acompañado de alguien de confianza que pueda solventar cualquier problema que se presente por esta falta de accesibilidad.

En el tema de la eliminación de barreras estamos todavía en la superficie del problema, resolviendo situaciones que deberían haber sido superadas hace mucho tiempo; pero se debe ir más allá, mucho más allá. La finalidad última de la Accesibilidad Universal es conseguir que todas las personas sea cual sea su condición física puedan desenvolverse en sociedad sin la ayuda de terceras personas, esto es que puedan ser absolutamente autónomas e independientes.

Esto de momento no se cumple, se habla mucho de integración, pero para que esta integración sea real y efectiva lo primero que debe ocurrir es que una persona discapacitada pueda acceder a los mismos servicios que cualquier otro, y esto de momento no es así…

No olvidemos que cualquier mejora de la accesibilidad para discapacitados redundará siempre en beneficio de todas las personas.

En esta sociedad en la que vivimos se van cronificando ciertas patologías propias de los países desarrollados, que no contribuyen en absoluto a la mejora de la calidad de vida de sus ciudadanos; enfermedades propias del egoísmo y la insolidaridad que afectan de forma desigual a las personas, pero que se ceban principalmente con los que deben lidiar con un elemento que tarde o temprano se puede presentar en nuestras vidas, la soledad.

Se hace referencia en los medios de comunicación de cómo afecta esta situación a cualquier persona, cómo puede deteriorar su salud, tanto física como mental, cómo puede invadir su espacio hasta hacerse dueña del mismo y cómo puede llevar a la persona hasta un punto en el que se vea desamparada y sin salida.

Pues bien, esta situación triste y delicada sin duda, se ceba siempre con las personas que tienen más dificultades añadidas para la consecución de una vida plena, personas mayores, enfermas o discapacitadas. De hecho la soledad se empieza a percibir como un problema conforme uno se va haciendo mayor, nadie piensa o se plantea que pueda ser un inconveniente cuando se es joven, en muchas ocasiones es una situación deseada y buscada.

Pero qué pasa cuando se envejece y sobre todo qué pasa cuando se enferma o se padece una discapacidad y nos encontramos absolutamente solos. Verdaderamente los malos tragos siempre se pasan mejor si estamos apoyados por familia o por buenos amigos, que son la familia que podemos elegir.

Tiemblo al pensar en la situación de infinidad de personas mayores, enfermas, con poca movilidad o con algún tipo de diversidad funcional; cómo puede ser la vida de estas personas con graves problemas para sentirse integrado en la sociedad y con serias dificultades para conseguir llevar una vida en condiciones.

En estas situaciones el apoyo y el calor de la familia y amigos es lo único con lo que estas personas pueden contar para intentar alcanzar tanto la satisfacción como la felicidad en su día a día.

Falta comprensión de la sociedad, pero sobre todo faltan ayudas, pero ayudas de verdad, no sólo económicas sino también humanas para hacer de la vida de las personas en esta situación una vida digna.

Muchas veces las sociedades modernas se centran en la resolución de los grandes problemas propios o de los problemas de fuera sin pensar que su primera misión en facilitar la vida, el día a día de todos sus miembros. Pero se pueden llegar a olvidar estos problemas e incluso llegar a invisibilizarlos, atraídos por la repercusión de otras acciones que, les puedan dar satisfacción y reconocimiento, pero que no es lo que precisan sus ciudadanos.

No sólo la respuesta a la soledad debe venir de parte de gobiernos e instituciones, la solidaridad con el más débil siempre ha distinguido a los países más desarrollados; es por esto que la lucha contra la lacra de la soledad debería venir, también y en primer lugar de todos nosotros, colaborando y ayudando dentro de nuestras posibilidades, demostrando de esta manera la verdadera grandeza del ser humano.

Me doy cuenta que en ocasiones ocurre que la aparición de una discapacidad por sorpresa en la vida de una persona, puede llegar a ser un momento de transformación de la actitud de ésta ante la vida, de su fijación de objetivos, de su capacidad de resiliencia, de su potencial para encajar y superar dificultades que no esperaba que nunca llegaran a aparecer en sus vidas.

Pienso que puede llegar a ser lo que trasforme el carácter de esta persona, de ser uno más a adoptar una personalidad decidida, con un proyecto de vida y una visualización de sus proyectos tanto inmediatos como a largo plazo.

No cabe duda que las personas generalmente tendemos a crecernos ante la adversidad y no cabe duda que una discapacidad supone una importante adversidad; es entonces cuando aparece el espíritu de supervivencia, el deseo de mejora en la vida para que ésta sea mejor y más gratificante y es entonces cuando puede ocurrir que personas que se dejaban llevar sin rumbo por el río de la vida, toman el timón de su destino y deciden que ha llegado el momento de comenzar a conquistar retos personales.

Conocemos casos de personas normales y corrientes que con la aparición de la discapacidad deciden dedicarse en cuerpo y alma al deporte y logran llegar a ser reconocidos atletas paralímpicos; de personas que la aparición de la discapacidad les dota de la fuerza interior para conseguir logros que en su vida anterior nunca habrían llegado ni siquiera a soñar.

Ésta es la fuerza de la resiliencia, lograr que las tremendas dificultades a superar te hagan más fuerte y mejor, logrando una adaptación positiva a un momento vital complicado.

Nunca somos totalmente conscientes de la inmensa fuerza interior del ser humano, de su capacidad de adaptación, del saber crecer en la adversidad. Y personas que nunca habían sido conscientes de esto, con la aparición de una situación difícil, como es una discapacidad, descubren que pueden dar mucho más de lo que podían imaginar.

En todos los ámbitos de la vida lo que diferencia a un triunfador del que no lo es no es su capacidad intelectual, ni su aspecto físico ni nada por el estilo, lo que los diferencia es que el triunfador nunca se rinde, es capaz de visualizar en el futuro la recompensa del sacrificio y enfocar hacía ella toda su fuerza y su tesón, con una capacidad de soportar el sufrimiento que sí que les hace superiores a los demás.

Y es indudable que muchas personas descubren esta capacidad oculta, que no sabían que tenían, cuando llega el momento de encarar la adversidad en forma de discapacidad.

Siempre hay dos opciones ante situaciones así crecer o estancarse.