DISCAPACIDAD INVISIBLE

Es indudable que en la sociedad actual y más significativamente en las zonas menos desarrolladas social, económica y culturalmente las personas discapacitadas, en muchas ocasiones, padecen el mal de la invisibilidad.

En las regiones más evolucionadas cada vez son más las actuaciones en pos de la integración y la igualdad de las personas, con alguna diversidad funcional, dentro del ámbito de la sociedad. Se busca su inclusión con distintos mecanismos y herramientas, generadas por la necesidad que todas estas situaciones conllevan.

Pero no se puede decir lo mismo de todos los países. En este momento se manifiestan distintos escenarios de guerras, revoluciones y conflictos armados en general. Conflictos que generan dificultades a toda la población y como siempre ocurre, aún más, a las personas con menor capacidad para encarar estas situaciones extremas, como son los mayores, las mujeres y los niños.

Pero ¿y los discapacitados?, ¿qué estará pasando en todas estas zonas con enfrentamientos armados con todas estas personas? Porque lo que es bien cierto es que si existe un colectivo donde estas situaciones pueden generar mayor dramatismo es en el caso de las personas discapacitadas.

Situémonos, por ejemplo, en Oriente Próximo, o en África Central o, sin ir más lejos en el Este de Europa, en todos estos países existen enfrentamientos armados producidos por distintos motivos políticos, étnicos o religiosos. Hay que pensar las necesidades que puede presentar este segmento de la población que si, habitualmente, enfrenta serios problemas de subsistencia diaria, qué es lo que será en estos momentos de guerra y de caos.

Pero parecen invisibles o los hacemos invisibles, con la indiferencia y el desdén con el que la sociedad en general pasa de puntillas sobre este problema sobrecogedor, que supone la atención y la ayuda a todas estas personas que sin medios ni colaboración de ningún tipo afrontan su día a día en todas estas zonas calientes del planeta.

Nada de ello aparece en los telediarios, nadie hace alusión ninguna a este problema ni plantea soluciones para, si no resolverlo, si mitigarlo dentro de lo posible.

Sin ayudas públicas ni privadas, en un estado de sálvese quien pueda, no podemos ni siquiera imaginar lo que estarán sufriendo y soportando atadas a una cama o a una silla de ruedas o con problemas cognitivos, sin ninguna voz que se alce por ellos y que diga “aquí están y necesitan ayuda”.

Lo dicho, que facilidad tiene esta sociedad para hacer invisible todo aquello que le incomoda o no le es fácil de resolver. Esta forma de actuar es lo que causa, en unas zonas más que en otras, la invisibilidad de la discapacidad.

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