Cuando se presenta la necesidad de la incorporación de un cuidador, para la atención a un familiar dependiente, entran en juego muchos factores tanto personales como económicos que hacen que la familia se decante por un determinado perfil o por otro.

No se debe olvidar que la figura de un cuidador competente y profesional siempre redundará en beneficios para la persona a la que atiende, e indudablemente el acertar con la persona idónea para el desempeño de estas labores es lo que originará que verdaderamente la relación sea provechosa y produzca los resultados esperados.

Partiendo de la base de que el cuidador no es un mero ayudante para realizar las tareas que el dependiente tiene dificultad en efectuar por sí solo, sino que lo que debe tratar es que su paciente recupere, si ello es posible, las habilidades perdidas o en su defecto mantenga el mayor tiempo posible las que aún conserva.

La relación entre cuidador y enfermo debe estar marcada por un profundo entendimiento que se consigue estableciendo un vínculo cargado de afectividad y complicidad. Fruto del trato diario se crea un intenso nexo generador de emociones que deben enriquecer la relación.

Se trata de unir las fuerzas para lograr juntos los objetivos, creando por parte de ambos un ambiente positivo que facilite la interacción. Si esto es así no cabe duda que no sólo la relación será más satisfactoria sino que se sientan las bases para que el trabajo en equipo sea lo más productivo posible.

Para ello la aportación del cuidador es, sin duda, fundamental. Debe trabajar con su actitud, predisposición y con su lenguaje corporal, que en muchas ocasiones le ayudarán a expresar sus sentimientos de mejor forma que con palabras.

Debe saber captar claramente la atención de su paciente y expresar exactamente lo que quiere decir, todo ello de una forma sencilla y clara pero al mismo tiempo cariñosa y cargada de empatía.

Y por supuesto en todo momento se debe ser capaz de mostrar paciencia, paciencia infinita, pues el ritmo lo va a marcar el ánimo y la disposición del enfermo; pero se pueden utilizar algunos métodos para que las tareas sean más fácilmente asumibles y realizables.

Descomponer las actividades en fases para que la consecución de cada una de ellas sea ya en sí un pequeño logro y cuando aparezca la desidia o el desinterés saber distraer y reorientar para seguir intentándolo más tarde. Pero a pesar de que en algunas ocasiones un cuidador debe manifestar exigencia para que su paciente se esfuerce al máximo dentro de sus posibilidades, éste debe sentir que tiene todo el apoyo y el cariño y mucho mejor si todo ello se realiza con sentido del humor.

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