ADAPTANDO SU ENTORNO, EL BAÑO

Iniciamos esta semana una serie de artículos donde trataremos las necesidades de adecuación en las viviendas de personas con movilidad reducida o que precisan de una silla de ruedas para desplazarse. Cada semana estudiaremos la reforma necesaria en una dependencia, dotándola de la funcionalidad idónea para que el afectado disponga de un entorno cómodo y seguro.

Cuando nos encontramos con un problema de movilidad reducida nos damos cuenta de la cantidad de obstáculos que existen en una vivienda tradicional para una persona en esta situación, y en ese momento es prioritaria la adaptación de la misma, fomentando la calidad de vida y la autonomía del discapacitado. Para ello serán necesarias algunas reformas orientadas a facilitar su uso y evitar los peligros.

Una de las estancias que exige una solución rápida y eficaz es el baño, para que la labor del aseo personal sea lo más sencilla posible y absolutamente exenta de riesgos.

El pavimento debe tener una textura superficial que nos asegure que es antideslizante, tanto da el material con el que esté fabricado, pero el tránsito sobre el mismo debe ser seguro y sin posibilidad de resbalones.

Siempre será más cómodo y funcional contar con un plato de ducha que con una bañera y si es extraplano mejor todavía. La solución idónea es cerrar toda la zona con una mampara, incorporando junto a la ducha una zona de secado con suficientes asideros para desplazarse con seguridad en todo el ámbito, pudiendo estar sentado en esta zona tanto mientras se ducha como mientras se seca, saliendo de la misma a pie seco. La superficie que precisamos para esta zona de ducha y secado es la que ocupa una bañera tradicional de 1,80 x 0,70 m.

Hay que tener en cuenta que la disposición de los aparatos sanitarios es fundamental para que los cuartos de aseo sean accesibles y funcionales, sin crear huecos ni recovecos en los que sea difícil e incómodo maniobrar para una persona de movilidad reducida o que precisa de una silla de ruedas.

La taza del inodoro se debe situar a una altura entre 45 y 50 cm. para que sea más cómodo su uso, y dependiendo del grado de dependencia de la persona que lo use se debe contemplar la colocación de brazos móviles en los laterales de la taza.

Si el usuario precisa de silla de ruedas, se debe disponer sobre el lavabo un espejo cuyo borde inferior esté a 0,95 m. del suelo y ligeramente desplomado (10º).

De igual manera debemos tener en cuenta que en esta misma situación la altura máxima de perchas y toalleros con respecto al suelo debe ser de 1,20 m.

Y por supuesto, todo el ámbito debe contar con los suficientes asideros para que todas las maniobras estén ayudadas al máximo.

Para una silla de ruedas se deberá contar con un radio mínimo de giro libre de 1,50 m. para que la persona discapacitada pueda maniobrar desde el interior y pueda efectuar el giro para salir y entrar, así como para desenvolverse por sí misma en el interior del baño.

Una buena precaución es que las puertas de los cuartos de baño abran hacia el exterior, para que puedan ser desmontadas desde fuera si es necesario. Podemos evitar esta medida mediante la instalación de puertas correderas que conseguirían además optimizar al máximo el espacio interior.

Con todas estas pequeñas medidas facilitaremos que la vida del discapacitado dentro de su entorno sea lo más cómoda y segura posible, ayudándole a fomentar al máximo su autonomía personal y su independencia.

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