EL SÍNDROME DEL CUIDADOR

No es posible negar que cuando en una familia surge un problema de enfermedad o de discapacidad, que hace necesario que uno de sus miembros precise la atención de un cuidador, se presenta un problema que en muchas ocasiones no es tratado como se debiera.

Hay un gran número de familias cuya situación económica no les permite la contratación de un cuidador profesional para la atención de su familiar y termina asumiendo la responsabilidad y la carga de trabajo uno de los miembros de la misma. En ese momento el cuidador familiar tiende a abandonar su propia vida, con sus aspectos personales, sociales y económicos para volcarse en el cuidado del enfermo.

Esta generosidad puede llegar a convertirse en un grave error, puesto que puede llegar a afectar no sólo a su vida sino también a su propia salud. Esta patología, tipificada como el Síndrome del Cuidador es un trastorno que presenta una sintomatología variada que puede llegar a acarrear problemas físicos, mentales, socioeconómicos y la pérdida de la capacidad para cuidar.

Es indudable que a la hora de cuidar se asume una carga de trabajo muy importante, ya que el cuidador se olvida de sí mismo y de su propia vida para responsabilizarse de la vida de la persona a la que cuida. Al perder su independencia el cuidador puede llegar a desatender sus propias necesidades, lo que a la larga puede llevar a un estado de agotamiento debido a la gran carga física y emocional que supone su labor.

Esta sobrecarga de trabajo puede conllevar el que se manifiesten diversos problemas físicos como el cansancio, dolores de cabeza y articulares. O psíquicos como la depresión, la ansiedad y la irritabilidad, así como trastornos del sueño. Pero también sociales producidos por la disminución del tiempo libre, la soledad o el aislamiento. Incluso laborales, por causa de un absentismo, que muchas veces puede ser obligado y por una pérdida de interés en su trabajo al estar pendiente de un problema que el cuidador considera más importante.

Toda la familia y el círculo próximo al cuidador deben estar alerta ante la aparición de estos síntomas que se pueden ir manifestando conforme se incrementa el nivel de dedicación y la carga de trabajo aumenta. A partir de ese momento puede aparecer la agresividad y la crítica hacia otros cuidadores porque considera que no hacen su trabajo con la misma eficacia, aparece la impaciencia con el enfermo, así como la negación de su propio estado; la depresión, el cansancio y el sentimiento de culpa si dedica tiempo a sí mismo.

Teniendo definido el detonante de este estado, que no es otro que la sobrecarga de trabajo, la solución pasa por el reparto de tareas. En este momento el cuidador debe pensar que su propia salud depende de la resolución de la situación, es importante que piense en su propia vida y debe ser capaz de involucrar a los demás miembros de la familia para conseguir su ayuda. Si el cuidador no se cuida a sí mismo es muy difícil que sea capaz de cuidar a otra persona.

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