VALOREMOS SU TRABAJO

Siempre pienso al ponerme en la piel de los cuidadores ya sean de niños, ancianos, enfermos o personas discapacitadas, la dificultad que acarrea para una persona asumir la responsabilidad total sobre otra. Esta responsabilidad en muchos casos engloba todo lo referente a la vida y las actividades diarias de la persona cuidada y esto desde luego tiene momentos difíciles de gestionar.

Pero  cuando alguien declina el cuidado de su propia familia para asumir el de otra persona que no lo es, todo me parece que debe ser mucho más difícil.

Cuantas son, en estos tiempos, las personas que han dejado su país y su propia familia para venir a España a desempeñar diferentes trabajos, y uno de ellos es en muchas ocasiones la ayuda de personas necesitadas de asistencia.

No somos conscientes, muchas veces, de que esa persona que dedica su tiempo al cuidado de los niños o de los familiares necesitados de otros, tiene quizás, incluso a muchos miles de kilómetros, el mismo problema que se ocupa de resolver.

Normalmente ni nos planteamos la situación desesperada que se debe vivir para tomar la decisión de abandonar tu país y tu familia para irte a otro lugar a cuidar a la familia de otros mientras la tuya, en muchos casos, pasa por las mismas necesidades de ayuda y asistencia.

Indudablemente existe un componente económico fundamental, pero debemos valorar en su justa medida el trabajo irreemplazable que realizan estas personas y ponernos por un momento en su piel aunque sólo mediante la imaginación podamos hacernos idea de su propio drama personal.

Normalmente esto es algo en lo que nadie repara, pero es necesaria mucha valentía para afrontar una situación así y no sé si seríamos capaces de hacerlo si la situación fuera a la inversa, desempeñando el trabajo con la entrega, la ternura, la dedicación y la alegría que los cuidadores ponen en su trabajo diario.

Esta sería una buena reflexión, pensemos en una situación económica desesperada y en la necesidad de emigrar para realizar un trabajo, pero este trabajo se refiere al cuidado de los niños de otros, mientras nuestros hijos continúan en el país de origen, o el cuidado de un enfermo, de un anciano o de un discapacitado, cuando también tenemos este problema en el seno de nuestra propia familia. Indudablemente deben ser momentos muy difíciles, pero estas personas cuando realizan su labor lo hacen con todo el rigor que ésta requiere, sin pensar en la crueldad que la propia situación acarrea.

Cuidar a los demás siempre supone entrega, aunque sea una actividad remunerada, y esta entrega en muchas ocasiones va mucho más allá por todo lo que aquí se ha expuesto. Por todo ello, valoremos generosamente el trabajo de todas las personas que dedican su tiempo y parte de su vida para asistir a otros.

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