ESTÍMULOS PARA EL DEPENDIENTE

Si a todos, en ocasiones, nos es difícil mantener alto el nivel de motivación en la vida diaria aún gozando de buena salud, esta dificultad se incrementa en situaciones de tercera edad o enfermedad o ambas cosas.

Cuando estos dos factores de tercera edad y enfermedad se aúnan es muy sencillo sucumbir a una espiral de depresión. Se produce un aislamiento de la persona en su círculo más íntimo, se encierra en su casa, se limita a su mundo y toda su vida gira en torno a la enfermedad, no hay más. Las únicas salidas son para ir al médico y los únicos cambios son los producidos por y para la enfermedad.

Al perder su independencia y su autonomía personal se transforma en un asistido y un dependiente. Se produce la dolorosa comparación con otras épocas de la vida en las que se era plenamente independiente, vitalista, optimista y vigoroso.

Esta es una situación sumamente difícil, no sólo para el enfermo sino también para la familia y para el cuidador, ya sea del círculo familiar o un profesional contratado. El cuidador se puede contagiar de la depresión del enfermo y en estas condiciones es difícil que desempeñe sus funciones convenientemente. Se debe, es muy importante, mantener la motivación. Pero esto que resulta sencillo de decir no lo es tanto de ejecutar puesto que el cuidador transmite su ánimo al enfermo, le impulsa, le contagia de su propia disposición y, sin duda, cuenta en su nivel de motivación.

Podemos contar con una serie de medios para estimular el estado de ánimo y la motivación:

  • Introducir pequeñas recompensas o satisfacciones con regularidad para incentivar la consecución de metas, bien puede ser un tipo de comida favorita o un masaje relajante.
  • Celebrar los pequeños logros o progresos que vaya teniendo para variar los estímulos o percepciones negativas que se puedan generar en el enfermo.
  • Los paseos y las salidas aumentan el nivel de motivación por lo que tienen de novedoso, el cambio de escenario es un estímulo mental que se produce al romper la monotonía.
  • Hay que intentar que el enfermo se sienta útil, que aporte algo, permitirle tomar pequeñas decisiones, no pensar por él, fomentar su autonomía personal.
  • Piense en sus habilidades o en su experiencia en el momento de transmitirle el interés por su opinión.
  • Promover una actividad deportiva adaptada y gratificante en un entorno socializador.
  • Estimular sus capacidades físicas y cognitivas.

Todo ello en el intento de que el enfermo no se encierre en su mundo y se sienta cada vez más enfermo, más anciano y más dependiente de lo que en realidad es.

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