DISCAPACIDAD CAPACITADA

Siempre me ha resultado chocante el empleo de la palabra “discapacidad”, usada con su acepción más habitual, para referirse a personas que padecen alguna diversidad  funcional. Palabra, que no por frecuente y aceptada, deja de tener cierto contenido que, bajo mi punto de vista, contiene negras sombras peyorativas. No olvidemos que no hace muchos años se utilizaba el término “minusválido”, que ya ha caído en desuso al considerarse poco apropiado; pues a mí con “discapacidad” me sucede algo parecido.

Discapacidad… ¿cómo se puede denominar discapacitado a una persona que se mantiene a flote en la riada de la vida con una condición física desigual con respecto a las personas que no padecen ninguno de estos problemas? No solamente no me parecen discapacitadas, si no que en muchos aspectos me parece que están mucho más capacitadas que la generalidad de la gente.

La sociedad, en su afán por etiquetar todos los aspectos que la configuran, no duda en definir y calificar cualquiera de estas cuestiones bajo los parámetros de una supuesta normalidad, cuando todos sabemos la cantidad de personas discapacitadas para la vida que mantienen todas sus condiciones físicas intactas.

¿Cómo se puede denominar como discapacitado a alguien como Stephen Hawking, cuando todos nosotros nunca seremos capaces, sin duda, de llegar a entender cuestiones que para él son una minucia y cuya mente privilegiada define principios que son fundamentales para la evolución de la especie? ¿Cómo alguien es capaz de decir que es un discapacitado? ¿Por qué no está capacitado para levantarse y ser capaz de caminar sin ayuda? ¿Y cuántos de nosotros seríamos capaces de hacer lo que hace él, ni siquiera con ayuda?

Con todo esto sólo pretendo que recapacitemos sobre lo que es capacidad o discapacidad, al igual que nadie sea lo que sea es un “minusválido”, nadie sea lo que sea es un “discapacitado”, porque nadie puede arrogarse la potestad de definir lo que capacita o incapacita.

Esto, que puede parecer algo sin importancia, pienso que es la máxima fundamental para dotar de normalidad absoluta a cualquier variante de diversidad funcional, sea del tipo que sea y cualquiera que sea el grado en que se padezca, con esta normalidad conseguiremos el principio básico del fin al que se pretende llegar, que no es otro que la plena integración en la sociedad de todas estas personas, construyendo un mundo y una sociedad en la que todos seamos iguales, en la que no haya que hablar de eliminación de barreras de ninguna especie, porque simplemente estas barreras ya no existirán.

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