CUIDANDO AL CUIDADOR

Escrito en Artículos el 21 Febrero, 2017 | 0 Comentarios »

El asumir el cuidado de una persona en situación de dependencia puede parecer,Anciana y cuidadora en un principio, que es un trabajo que no exige requerimientos especiales para realizarlo. Nada más lejos de la realidad, ya que el asumir la responsabilidad sobre el bienestar de una persona es una tarea que en muchas ocasiones puede suponer una enorme carga de trabajo, con una exigencia física y mental verdaderamente muy importante.

Siempre es más fácil prevenir y responder a cualquier problema que se presente si el cuidador es un profesional conocedor de su oficio, siendo más frecuente que las consecuencias derivadas de un agotamiento producido por la exigencia del trabajo se presenten en los cuidadores familiares.

Puede ser una fuente constante de ansiedad y preocupación por pensar que no se va a ser capaz de cumplir con las expectativas, que no se va a poder cuidar al enfermo con garantías y que no se va a poder garantizar su bienestar.

Lo principal para poder asumir las dificultades, que son propias del trabajo de cuidador, es ser consciente de las propias limitaciones y recabar la mayor información sobre la patología que padece el enfermo y actuar en consecuencia. Cuando se conoce el terreno y se sabe donde se puede llegar es más sencillo mantener la eficacia.

Es fundamental no caer en el aislamiento y seguir con una vida personal en la que el cuidador siga disfrutando de las relaciones personales que le son gratificantes, así como que siga cultivando sus aficiones; esto es, en definitiva, que siga contando con una vida propia sin descuidar las cosas que le hacen sentir bien, para de esta forma cuidar el aspecto mental al igual que se debe cuidar el aspecto físico, ya que el bienestar del cuidador redundará en una mayor eficacia en su trabajo.

El pensar que nadie va a cuidar al enfermo como uno mismo es un error habitual que terminará minando la salud y la confianza del cuidador, ya que en algún momento va a necesitar la ayuda del entorno familiar o de otras personas, puesto que nadie puede asumir de forma continuada, todos los días, todas las horas, el cuidado de otra persona sin olvidarse de su propia vida y con ello ir abriendo camino a los signos de abatimiento y depresión cuando el trabajo se transforma en una rutina asfixiante sin un momento libre.

Un cuidador que pretenda ser eficiente debe contar con una vida propia que le libere en determinados momentos de la responsabilidad del cuidado de otra persona.

Si el cuidador no se cuida a sí mismo difícilmente va a ser capaz de cuidar de otra persona.

Fecha de publicación: 21/02/2017

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